Nuestra mente nos engaña

El día 1 de abril se publicó mi libro “Nuestra mente nos engaña”. Forma parte de la colección sobre Neurociencia y Psicología que publica el diario El País, y puede encontrarse aquí (es el número 10 de la colección): https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html

No soy la persona más adecuada para hacer una crítica. Me temo que estoy un poco sesgada. Y quizá, solo quizá, tenga algún conflicto de interés e intente mostrar una buena imagen del libro. Sí, todo eso es cierto, les doy la razón. Así que no me enrollaré ni pretenderé estar haciendo una crítica sesuda de mi propio libro. Les copio aquí abajo simplemente las primeras páginas, por si quieren echar un vistacillo antes de comprarlo (aunque les advierto que lo mejor está dentro ;-)

¿Qué pensaría usted si le demuestro que no puede fiarse de sus sentidos, ya que mucho de lo que ve y lo que oye es una construcción de su mente? ¿Y si le digo que buena parte de sus recuerdos son inventados y que otro tanto sucede con sus predicciones para el futuro que son, muy probablemente, erróneas?

Yo también me invento la realidad, como todos ustedes. No tiene mucho mérito, créanme, lo hacemos todos, a todas horas. Somos buenos inventando realidades y recuerdos, y razonando según nuestros intereses. Si me lo permiten, y si se animan a seguirme, eso es lo que intentaré mostrarles en este libro: lo poco racionales que somos, lo mucho que nos engañamos a nosotros mismos, lo mucho que vamos cambiando nuestros recuerdos con el tiempo, y, por qué no, lo mucho que tropezamos todos nosotros, además, en la misma piedra, una y otra vez. Muy poco esperanzador, lo sé. (Pero aquí seguimos, por otro lado, en pleno siglo XXI, todos nosotros, así que a lo mejor tampoco lo hemos hecho tan mal hasta ahora.)

La mente humana es una auténtica maravilla, en eso creo que estarán de acuerdo conmigo. Solo que no es perfecta en la forma en que pensamos normalmente que debería serlo: en plan robótico, sin errores, racional, lógica al cien por cien, solo cerebro y todo eso… No es así. Es, sin embargo, la máquina perfecta para adaptarnos lo mejor posible al mundo en que nos ha tocado vivir, lo cual no significa que sea ideal para el análisis racional de los datos, ni para la percepción precisa de la realidad, ni siquiera para el recuerdo fiable de los acontecimientos. Eso es bastante irrelevante, y llegado el caso podría ser incluso contraproducente. Lo iremos viendo.

A pesar de todas sus virtudes, por tanto, no entra entre los objetivos de esta mente nuestra almacenar la realidad cual fotocopiadora de recuerdos, ni percibirla como una cámara de fotos ni como una grabadora de sonidos. Tampoco está entre sus metas lograr razonar como si de un robot personal se tratara. Para realizar todas esas tareas tan aburridamente precisas y repetitivas, la mente humana saca mayor partido de los recursos de que dispone fabricando herramientas que hagan ese trabajo por ella, o al menos que la ayuden lo más posible a realizarlo, aliviándola de pesadas cargas que no le aportan gran cosa. La fotocopiadora, la cámara de fotos, la grabadora de sonidos y la inteligencia artificial son ejemplos de las herramientas que construye la mente humana para que la ayuden a mejorar su precisión en aquellas ocasiones en las que lo necesita. Por lo demás, la combinación entre la rapidez de la mente humana y su flexibilidad de respuesta, su intuición y su capacidad de adaptación a situaciones nuevas está resultando, hasta el momento, absolutamente imbatible. Perfectamente adaptada al mundo incierto en el que le ha tocado vivir.

Ahora bien, toda esa intuición y flexibilidad de la que hacemos gala tiene un alto precio que a menudo pagamos en términos de errores, invenciones y engaños de nuestra propia mente. En efecto, no me refiero a los errores que cometemos cada uno de nosotros de forma más o menos aleatoria, sino a aquellos en los que caemos todos de manera sistemática, como si estuviéramos programados (de hecho, lo estamos) para cometer ese mismo error. Por ese motivo, solemos llamarlos a veces «sesgos cognitivos» (porque la cognición está sesgada en una dirección determinada), aunque hay autores que prefieren reservar el término para los casos en que esos engaños ocurren en el proceso de toma de decisiones. No se preocupen mucho por este detalle. En este libro intentaré mostrar algunos de los errores y engaños de la mente más típicos, de manera global, es decir, incluyendo no solo los sesgos cognitivos propios de la toma de decisiones, sino también otra serie de errores y engaños sistemáticos muy comunes que se producen habitualmente en nuestra memoria, nuestra percepción, nuestra forma de aprender, de razonar, etcétera. Veremos también que los engaños de la mente no son simplemente errores que delatan una imperfección, sino que tienen un lado positivo, una razón de ser.

Pongamos por caso que, un día, nuestra mente percibe un movimiento entre la maleza y, en vez de esperar a ver claramente qué lo ha producido, lo que hace es inventarse rápidamente la realidad más probable, predecir que podría tratarse de un león, y antes incluso de empezar a visualizar físicamente al león tener ya el cuerpo entero corriendo por la sabana. Esa mente humana habrá conseguido salvar el pellejo (sí, la mente y el cuerpo son todo uno, somos nosotros, enteritos, los que nos salvamos). Y salvar el pellejo es la primera condición que hay que superar para poder generar descendencia y llegar hasta el siglo XXI. Esto, lógicamente, no es un sesgo, ni es un error, es una característica muy ventajosa de la mente humana que se ha ido configurando de esta forma a lo largo de millones de años, precisamente porque le ha permitido sobrevivir y transmitir sus genes a la siguiente generación.

Inventar realidades que no percibimos, lo mismo que tomar decisiones antes de contar con todos los datos, nos proporciona una enorme ventaja evolutiva. Pero también es verdad que todo esto en ocasiones dará lugar a errores. Inventaremos cosas que no existen, inventaremos recuerdos, tomaremos decisiones basadas en razonamientos absurdos. …/ … 

(Si desea seguir leyendo, el libro es el número 10 de esta colección)

@HelenaMatute

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Entrevista en Wawancara

Helena Matute en Wawancara

Hace ya un tiempo me hizo Antonio Montesinos esta entrevista para su revista digital, Wawancara. Ahora que estoy intentando poner el blog un poco al día, me ha parecido interesante enlazar la entrevista desde aquí, y recomendaros, de paso, que os deis una vuelta por Wawancara. Montesinos ha publicado allí muchas entrevistas geniales, de las que yo al menos he aprendido mucho. No podría recomendaros una en concreto, pues me dejaría demasiadas en el tintero. En serio, daros una vuelta, echad un vistazo a los temas y a los entrevistados, seguro que encontráis cosas de vuestro interés. Contiene algunas verdaderas joyas.

Supersticiones, pseudociencias y placebos (Artículo para niños)

[Nota: Este artículo se publicó en Chispas de la Ciencia, el boletín de ENCIENDEun proyecto de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas Españolas), dirigido a los niños y sus profesores. Desde aquí os animo a inscribiros en el proyecto, tanto si sois un colegio y os gustaría que os visite un científico, como si eres un científico dispuesto a dedicar algo de tu tiempo visitando un colegio o escribiendo artículos que acerquen tu especialidad a los más jóvenes. Hace falta mucha gente]

pulsera milagrosa

Las sensaciones humanas son muy engañosas. Con el planteamiento y ejercicios de este recurso, se puede discutir en clase sobre superstición y pseudociencia, trabajar argumentos que distingan entre verdades y mentiras de numerosos actos de la vida cotidiana. Se presentan ejercicios y experimentos para probar si, por ejemplo, funcionan las pulseras milagrosas, o qué engaños evitar con suspicacia y aplicando rigurosamente la metodología experimental  [Sigue leyendo en Chispas de la Ciencia]

@HelenaMatute

Video de las charlas de Status Quo (evento de ciencia y pensamiento crítico)

El 5 de noviembre disfruté un montón participando en Status Quo, Evento de ciencia y de pensamiento crítico, organizado por Muera la Inteligencia y el Consejo de Estudiantes de la UPV-EHU.

Os dejo aquí el video del evento, con todas las charlas:

Mi charla empieza en el minuto 3:22

Barberia et al 2013 PLOS p1

A los que venís a menudo por este blog os sonarán ya muchas de las cosas que cuento en mi charla, aunque la parte de cómo educar el pensamiento crítico es nueva y forma parte de una investigación realizada en colaboración con Itxaso Barberia, Fernando Blanco, y Carmelo P. Cubillas y publicada recientemente en PlosOne. Os recomiendo también la excelente reflexión sobre esta investigación que realizó Javier Peláez en La Aldea Irreductible.

No dejéis de ver las otras charlas.  Si os gustan estos temas el evento completo merece la pena. El orden es el siguiente:

(1) Luis Alfonso Gámez (presenta); (2) Helena Matute “Educar en el pensamiento crítico”; (3) César Tomé  “La ilusión del Yo”; (4) Eduardo Zugasti “: “Naturalismo disidente, una aproximación spinozista y darwinista a los dogmas modernos sobre la naturaleza humana”, (5) Luis Alfonso Gámez  “¡Paparruchas! Pseudociencia en los medios de comunicación”; (6) Debate, preguntas, despedida y cierre.

Aquí tenéis el índice y programa del evento completo.

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En esta foto estamos todos, organizadores y ponentes, posando en plan sospechosos de los de toda la vida. (Esto de no poder fiarte de nada de lo que captan tus sentidos ni de lo que te sugiere tu memoria convierte en sospechoso hasta a tu propio yo, que por otro lado ni siquiera sabemos si existe. Al final, pasa lo que pasa y acabamos posando de esta guisa. 

Mi enhorabuena a los organizadores por su magnífico trabajo.

Terapias alternativas en psicología y en medicina

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Imaginemos a un investigador científico (o alternativo, por el momento no importa esto) que dice haber descubierto un remedio efectivo contra la depresión. Puede ser una pastilla, unas hierbas muy naturales en formato de infusión, o una psicoterapia, cualquiera de ellas nos vale como ejemplo. Aplica su remedio a un grupo de voluntarios que han sido diagnosticados de depresión en el mes de enero. En septiembre, tras unos meses de tratamiento, observa una disminución significativa en los índices de depresión en su grupo de voluntarios.

Todos los voluntarios estarán convencidos de que el remedio ha funcionado (lo estaríamos también usted y yo, seguro, si nos encontráramos bien después de haber seguido como ellos el tratamiento) …/…  (seguir leyendo en Psicoteca)

@HelenaMatute

El pensamiento crítico hay que cultivarlo

 

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(Este artículo lo publiqué originalmente en el diario El Correo, con fecha 14 de enero de 2013)

Existen dos modos de pensamiento. Uno es racional, crítico, lento y terriblemente costoso. El otro es automático, inconsciente, emocional, rápido, intuitivo, pero también muy vulnerable y sujeto a errores. Este último módulo viene instalado de fábrica en el cerebro humano y actualizado con la última versión, se ha desarrollado y pulido sin descanso durante millones de años de evolución de las especies. El otro, el racional, es demasiado joven aún, no se ejecuta de manera automática y tiene muchos agujeros que necesitamos ir parcheando.

El módulo emocional y automático es el que nos permite salir corriendo a escondernos sin necesidad de pensarlo cuando oímos un ruido extraño en la noche. Es el que nos empuja a invertir en casas no cuando el sector inmobiliario está barato, sino cuando está disparado en precios y todo el mundo quiere comprar una segunda y hasta tercera vivienda (algo que, si lo analizamos en modo racional, veremos que no tiene sentido, pero no es el modo racional el que usamos por defecto). Es también el que nos permite rechazar automáticamente un alimento que hemos asociado, quizá inconscientemente, con un malestar gástrico. Aunque racionalmente sospechemos que posiblemente sea erróneo el diagnóstico que estamos haciendo, la mera visión de ese alimento nos producirá náuseas si lo hemos asociado con el malestar. Pero este módulo de pensamiento tan falible es también el que nos ha permitido sobrevivir al ayudarnos a evitar alimentos potencialmente tóxicos sin necesidad de pensarlo, algo que resultaría lento, costoso y a veces letal.

Es también este modo de funcionamiento automático el que nos permite recuperar en una milésima de segundo toda la esencia de la infancia perdida al saborear un trocito de magdalena mojada en té, como aquella que tomábamos cuando niños y que tan magistralmente supo devolvernos Marcel Proust. Es, en definitiva, el mismo módulo que permite al perro de Pavlov predecir qué sonidos irán seguidos de alimento y cuáles pueden ser ignorados. O, lo que es lo mismo, es el que indica ante qué estímulos procede salivar o modificar parámetros corporales o rememorar infancias perdidas con toda su carga emocional, y quizás hormonal, y ante cuáles es mejor no hacer nada.

Pero, como estamos viendo, este módulo es también muy incierto, muy intuitivo y acostumbra a cometer muchos errores, a modificar parámetros fisiológicos a veces ante meros placebos, a hacernos salir corriendo ante peligros que no son tales o a rechazar de vez en cuando alimentos que no suponen amenaza alguna. Ante la duda se decide, sin pensarlo dos veces, por la opción que generalmente presenta menos riesgo. Conlleva menos riesgo normalmente rechazar un alimento inocuo que ingerir uno tóxico o que pensarlo durante largo tiempo. Esta estrategia ha tenido, como es lógico, mayor valor de supervivencia. Por eso predomina.

Es también, este modo automático de pensamiento, el que empuja a las palomas -y a las personas- que participan en experimentos psicológicos a desarrollar la superstición de que es, por ejemplo, moviendo la cabeza hacia la derecha -o colocándose un amuleto- como consiguen la comida o el premio. Esa recompensa está programada de antemano para ocurrir independientemente del comportamiento del sujeto, tal y como sucedería, por ejemplo, con la danza de la lluvia y las remisiones espontáneas de determinadas dolencias en situaciones naturales. Tanto en el caso de la paloma que acaba desarrollando la superstición de que son los saltitos hacia la izquierda lo que causa la entrega de comida como en el del humano que acaba creyendo que teclear 456 es lo que hace que aparezca el premio en un videojuego experimental, es en realidad la mera coincidencia entre ese comportamiento y la ocurrencia del resultado deseado lo que propicia la instauración de la creencia supersticiosa y de la ilusión de estar controlando el entorno.

Y, sí, decíamos que existe también otro tipo de pensamiento. Pensamiento racional, lógico, crítico, correcto. Es el que un robot y un científico darían por bueno. Pero es muy costoso y muy cansado. Requiere pensar, pararse, analizar ventajas e inconvenientes, ver el mismo problema desde varios ángulos. Requiere esfuerzo, tiempo, energía. Ni siquiera el científico, cuando sale de su trabajo y llega a casa, puede mantener conectado ese modo de pensamiento; necesita poner el piloto automático para poder tomar decisiones rápidas cuando ve la tele con los niños, prepara la cena, decide el coche que comprará el sábado mientras suena el teléfono y amenaza tormenta.

No, el pensamiento crítico y racional no viene instalado de fábrica, y eso es lo más importante que debemos recordar. Hay que preocuparse de instalarlo y configurarlo adecuadamente a base de mucho aprendizaje, muchas lecturas y mucho esfuerzo consciente. Y hay que actualizarlo a diario, porque no es el pensamiento crítico el sistema operativo por defecto de la mente humana, ni está pulido por el uso y por la evolución como lo está el modo automático y emocional de funcionamiento mental. El módulo racional, no nos olvidemos, es una conquista muy reciente, necesitamos acordarnos de mantenerlo conectado y de actualizarlo a diario. Para que no nos entren muchos virus de esos que atontan la mente.

 

Aquí os dejo también la entrada de este artículo en Menéame, con sus comentarios.

@HelenaMatute