Nuestra mente nos engaña

Mi libro “Nuestra mente nos engaña” forma parte de la colección sobre Neurociencia y Psicología que publica el diario El País, y puede encontrarse aquí (es el número 10 de la colección): https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html

Además, puedes encontrar información sobre el libro en:

No soy la persona más adecuada para hacer una crítica. Me temo que estoy un poco sesgada. Y quizá, solo quizá, tenga algún conflicto de interés e intente mostrar una buena imagen del libro. Sí, todo eso es cierto, les doy la razón. Así que no me enrollaré ni pretenderé estar haciendo una crítica sesuda de mi propio libro. Les copio aquí abajo simplemente las primeras páginas, por si quieren echar un vistacillo antes de comprarlo (aunque les advierto que lo mejor está dentro ;-)

¿Qué pensaría usted si le demuestro que no puede fiarse de sus sentidos, ya que mucho de lo que ve y lo que oye es una construcción de su mente? ¿Y si le digo que buena parte de sus recuerdos son inventados y que otro tanto sucede con sus predicciones para el futuro que son, muy probablemente, erróneas?

Yo también me invento la realidad, como todos ustedes. No tiene mucho mérito, créanme, lo hacemos todos, a todas horas. Somos buenos inventando realidades y recuerdos, y razonando según nuestros intereses. Si me lo permiten, y si se animan a seguirme, eso es lo que intentaré mostrarles en este libro: lo poco racionales que somos, lo mucho que nos engañamos a nosotros mismos, lo mucho que vamos cambiando nuestros recuerdos con el tiempo, y, por qué no, lo mucho que tropezamos todos nosotros, además, en la misma piedra, una y otra vez. Muy poco esperanzador, lo sé. (Pero aquí seguimos, por otro lado, en pleno siglo XXI, todos nosotros, así que a lo mejor tampoco lo hemos hecho tan mal hasta ahora.)

La mente humana es una auténtica maravilla, en eso creo que estarán de acuerdo conmigo. Solo que no es perfecta en la forma en que pensamos normalmente que debería serlo: en plan robótico, sin errores, racional, lógica al cien por cien, solo cerebro y todo eso… No es así. Es, sin embargo, la máquina perfecta para adaptarnos lo mejor posible al mundo en que nos ha tocado vivir, lo cual no significa que sea ideal para el análisis racional de los datos, ni para la percepción precisa de la realidad, ni siquiera para el recuerdo fiable de los acontecimientos. Eso es bastante irrelevante, y llegado el caso podría ser incluso contraproducente. Lo iremos viendo.

A pesar de todas sus virtudes, por tanto, no entra entre los objetivos de esta mente nuestra almacenar la realidad cual fotocopiadora de recuerdos, ni percibirla como una cámara de fotos ni como una grabadora de sonidos. Tampoco está entre sus metas lograr razonar como si de un robot personal se tratara. Para realizar todas esas tareas tan aburridamente precisas y repetitivas, la mente humana saca mayor partido de los recursos de que dispone fabricando herramientas que hagan ese trabajo por ella, o al menos que la ayuden lo más posible a realizarlo, aliviándola de pesadas cargas que no le aportan gran cosa. La fotocopiadora, la cámara de fotos, la grabadora de sonidos y la inteligencia artificial son ejemplos de las herramientas que construye la mente humana para que la ayuden a mejorar su precisión en aquellas ocasiones en las que lo necesita. Por lo demás, la combinación entre la rapidez de la mente humana y su flexibilidad de respuesta, su intuición y su capacidad de adaptación a situaciones nuevas está resultando, hasta el momento, absolutamente imbatible. Perfectamente adaptada al mundo incierto en el que le ha tocado vivir.

Ahora bien, toda esa intuición y flexibilidad de la que hacemos gala tiene un alto precio que a menudo pagamos en términos de errores, invenciones y engaños de nuestra propia mente. En efecto, no me refiero a los errores que cometemos cada uno de nosotros de forma más o menos aleatoria, sino a aquellos en los que caemos todos de manera sistemática, como si estuviéramos programados (de hecho, lo estamos) para cometer ese mismo error. Por ese motivo, solemos llamarlos a veces «sesgos cognitivos» (porque la cognición está sesgada en una dirección determinada), aunque hay autores que prefieren reservar el término para los casos en que esos engaños ocurren en el proceso de toma de decisiones. No se preocupen mucho por este detalle. En este libro intentaré mostrar algunos de los errores y engaños de la mente más típicos, de manera global, es decir, incluyendo no solo los sesgos cognitivos propios de la toma de decisiones, sino también otra serie de errores y engaños sistemáticos muy comunes que se producen habitualmente en nuestra memoria, nuestra percepción, nuestra forma de aprender, de razonar, etcétera. Veremos también que los engaños de la mente no son simplemente errores que delatan una imperfección, sino que tienen un lado positivo, una razón de ser.

Pongamos por caso que, un día, nuestra mente percibe un movimiento entre la maleza y, en vez de esperar a ver claramente qué lo ha producido, lo que hace es inventarse rápidamente la realidad más probable, predecir que podría tratarse de un león, y antes incluso de empezar a visualizar físicamente al león tener ya el cuerpo entero corriendo por la sabana. Esa mente humana habrá conseguido salvar el pellejo (sí, la mente y el cuerpo son todo uno, somos nosotros, enteritos, los que nos salvamos). Y salvar el pellejo es la primera condición que hay que superar para poder generar descendencia y llegar hasta el siglo XXI. Esto, lógicamente, no es un sesgo, ni es un error, es una característica muy ventajosa de la mente humana que se ha ido configurando de esta forma a lo largo de millones de años, precisamente porque le ha permitido sobrevivir y transmitir sus genes a la siguiente generación.

Inventar realidades que no percibimos, lo mismo que tomar decisiones antes de contar con todos los datos, nos proporciona una enorme ventaja evolutiva. Pero también es verdad que todo esto en ocasiones dará lugar a errores. Inventaremos cosas que no existen, inventaremos recuerdos, tomaremos decisiones basadas en razonamientos absurdos. …/ … 

(Si desea seguir leyendo, el libro es el número 10 de esta colección)

@HelenaMatute

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Educar y legislar contra las pseudociencias

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Pseudociencias son todas aquellas prácticas y creencias que pretenden convencernos de que son científicas pero que no están basadas en la evidencia. Afectan a farmacéuticos y a psicólogos, a economistas y a maestros, a médicos y a políticos. Afectan también al alcalde que declara su ciudad libre de transgénicos, y al que la declara libre de wifi. Hay casos recientes. Muchos. Afecta también a padres que declaran a sus hijos libres de vacunas. Muchos, también, por desgracia. Niños que mueren aquí, en Occidente, de enfermedades que hace tiempo que habían desaparecido en nuestra sociedad “del conocimiento”. Sus padres son inteligentes y cultos, pero confían en la pseudociencia más que en el conocimiento científico <seguir leyendo en Letras Libres>.

¿Cuál es el problema con el diagnóstico precoz?

[Artículo publicado por Naia Pereda y Helena Matute en Naukas.com el 19 de noviembre 2015]

El concepto de diagnóstico precoz de las enfermedades, y en particular el del cáncer, tiene un atractivo casi irresistible para la mayoría de nosotros. Reconozcámoslo, a todos nos seduce la idea de tener la posibilidad de detectar un tumor en su fase inicial, porque creemos que así el tratamiento podrá abordarse más fácilmente, y su pronóstico será mejor. [Continúa leyendo en Naukas.com]

 

¿Debe el médico ayudarnos a comprender las probabilidades tras un resultado positivo?

[Artículo publicado en colaboración con Naia Pereda en Naukas.com el 19 octubre 2015]

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La mayoría de las personas somos un pequeño desastre interpretando probabilidades, lo que a menudo nos causa más de un disgusto. Y más de dos también. Pongamos un ejemplo que nos afecta a todos. Vamos al médico. Nos manda hacer unas pruebas. Resultado positivo. ¡Horror! Las alarmas se disparan en nuestra cabeza. Cada vez más fuerte. Pensamos inmediatamente que tenemos la enfermedad. Nos angustiamos. ¿Cuál es la probabilidad real de que tengamos la enfermedad? ¡Uy, es que yo soy de letras! Ya, ta. 

Ante un resultado positivo es necesario conocer también cuál es el porcentaje de falsos positivosen esa prueba, es decir, la probabilidad de que, aunque no tengamos la enfermedad, nos salga positivo de todas formas (p. ej., 9%). Y también la prevalencia, es decir, la probabilidad de que una persona tenga la enfermedad (p. ej., 1%). Y la probabilidad de dar positivo en la prueba si tenemos la enfermedad, es decir, la sensibilidad de la prueba (p. ej., 90%). Y sí. Luego deberíamos… [Continúa leyendo en Naukas.com]

 

Las drogas, el café, y el perro de Pavlov

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¿Te has preguntado alguna vez por qué las drogas causan tanto efecto al principio y sin embargo con el tiempo van dejando de hacer efecto? La heroína y la cocaína, sí, pero también el alcohol, la marihuana, la nicotina, la cafeína, incluso muchos medicamentos, producen un efecto de tolerancia que hace que cada vez necesitemos tomar una dosis mayor para que nos hagan efecto. ¿Recuerdas el mareo con la primera cerveza que tomaste, o el primer vino? ¿Qué ocurre para que luego con el tiempo te haga tan poco efecto y necesites aumentar la dosis? Sí, vale, nos acostumbramos, de acuerdo, eso es el efecto de tolerancia a las drogas, pero… ¿en qué consiste exactamente? <seguir leyendo en Cuaderno de Cultura Científica>

Elegir tratamiento mejora el resultado

“Relación médico-paciente”, Fotografía vía Wikimedia Commons
“Relación médico-paciente”, Fotografía vía Wikimedia Commons

Cada vez más datos sugieren la idea de que si el paciente puede elegir tratamiento los resultados son mejores. Sin embargo apenas existía hasta la fecha evidencia experimental que pudiera confirmar que era el mero hecho de poder elegir y no otra causa, la que producía el efecto beneficioso. Los pacientes, claro, suelen pensar que lo que ocurre es que ellos realizan la elección acertada… más acertada que si hubiera decidido el médico. De hecho, si les dijéramos que es el mero hecho de elegir, y no necesariamente que hayan sido capaces de realizar una elección perfecta, muchos de ellos no nos creerían.  Sigue leyendo

Reseteando la psicoterapia tradicional

La psicoterapia no da más de sí. A pesar de todos los avances de las últimas décadas, a pesar de que ahora existen cada vez más terapias basadas en la evidencia, que sabemos que funcionan, estamos poco a poco olvidando el objetivo para el que fue creada la psicoterapia: reducir la incidencia y el impacto de la enfermedad mental. El modelo tradicional de terapia personalizada solo puede llegar a una mínima parte de las personas que pueden requerir atención en salud mental. Un porcentaje muy muy pequeño de todos aquellos que lo necesitan son los que actualmente acceden a las terapias personalizadas, de modo que estas terapias personalizadas no nos sirven, no están cumpliendo su objetivo porque no reducen la incidencia ni el impacto de la enfermedad mental. Esto es, más o menos, lo que nos dicen Alan Kazdin, Ex Presidente de la American Psychological Association, y la psicóloga Stacey Blase, ambos investigadores en la Universidad de Yale, en este imprescindible artículo publicado en la revista Psychological ScienceSigue leyendo