Naukas Bilbao 2015: Condicionamiento en estado puro ;-)

 

NAUKAS - foto familia 2015

Qué os voy a decir de Naukas que no se haya dicho ya. Si aún no lo conocéis, tenéis que ir el año que viene como sea. Y si ya lo conocéis no necesito animaros, iréis seguro. Ciencia y diversión, es la asociación perfecta para que ocurra lo que en realidad está ocurriendo: condicionamiento clásico en estado puro. Cada año queremos más, y cada año hay más gente desbordando el Paraninfo de la Universidad del País Vasco, lugar donde tiene lugar esta fantástica fiesta de la divulgación científica, la más grande a nivel nacional. Excelentes discusiones, excelentes amigos, aprendizaje, diversión. ¿Hay mejor receta para que la ciencia se asocie a emociones positivas? Esto tiene también su  lado malo, como el bajón que da cuando se acaba y hay que esperar todo un año para el siguiente encuentro. Qué le vamos a hacer. La ciencia es como la campanilla, el estímulo que inicialmente es neutro para mucha gente, y que al asociarse con un estímulo incondicionado, es decir, biológicamente significativo, como la comida, en este caso la diversión, la amistad, reacciones positivas, acaba provocando las mismas reacciones que provoca el estímulo incondicionado. Voilá.

El evento está organizado por la Plataforma de Divulgación Naukas.com y por la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco. Hay muchas personas involucradas, preocupándose de que todo salga bien. Pero hay 5 personas que lo dan todo por esta gran fiesta de la que me siento inmensamente agradecida por poder participar. Ellos son Juan Ignacio Pérez (@uhandrea), Director de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, y los 4 mosqueteros de Naukas: Javier Peláez (@irreductible), Antonio Martínez Ron (@aberron), Miguel Artime (@mikelnaiblog), y José Cuesta (@inerciacreativa, te echamos de menos este año, Cuesta).

Otras muchas personas colaboraron también, llevando los tiempos, llevando el sonido, llevando las redes sociales, llevando… todo. Donde mejor se refleja su trabajo es en la excelente crónica fotográfica de Xurxo Mariño (@xurxomar), realizada con mucho humor, como siempre. Y como bien puede verse en la crónica de Xurxo, Naukas es una ocasión única para encontrarse con buenos amigos, y donde seguimos año tras año asociando ciencia con diversión y humor y buenos momentos. ¿Qué mejor receta podría haber para estar deseando que llegue ya cuanto antes Naukas-16?

Las charlas: todas. Hacedme el favor de verlas todas. A diez minutos cada día, serán un par de meses de aprendizaje y de entretenimiento. A veinte minutos diarios, un mes. No os arrepentiréis.

Yo hablé de gastronomía. Bueno, más bien de la parte psicológica de la gastronomía. De qué depende que un alimento (o un vino) esté rico. Además de sus propiedades químicas hay una serie de aspectos psicológicos que son muy importantes. Es condicionamiento, también, como el mismo Naukas. Depende de con qué lo hayamos asociado (como en el caso de la magdalena de Proust), del contexto en el que se aprendió la asociación (como cuando tomamos unos pescaítos en el puerto viejo –o cuando nos prepara un buen cocinero un plato que es capaz de evocar el sabor del mar). Depende también del color, del nombre, del precio, de la textura…  En mi charla lo explico. Mejor dicho, lo resumo, y mucho. Son 10 minutillos de charla donde presento algunas pinceladas de este tema tan apasionante. Si veis que os gusta, hay muchísimo más en Internet. Y ya sabéis, si os engancha el tema, poneros a investigar, que queda aún mucho por hacer y esta es un área muy muy fructífera en la psicología actual. Y no siempre se aplica a los alimentos. También a otras cosas, como por ejemplo a las drogas. Y como al propio Naukas ;-)

Helena Matute charla naukas2015 (4)

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El Capellán de la Virgen y el Perro de Pavlov

capellan

Con este artículo he obtenido el primer premio del concurso DIPC de divulgación del evento Ciencia Jot Down 2015. ¡Todo un honor!  Me ha hecho muchísima ilusión. Muchísimas gracias a todos, de verdad. Podéis leerlo en la revista Jot Down. Espero que os guste :-)

Las drogas, el café, y el perro de Pavlov

Perro-de-Pavlov

¿Te has preguntado alguna vez por qué las drogas causan tanto efecto al principio y sin embargo con el tiempo van dejando de hacer efecto? La heroína y la cocaína, sí, pero también el alcohol, la marihuana, la nicotina, la cafeína, incluso muchos medicamentos, producen un efecto de tolerancia que hace que cada vez necesitemos tomar una dosis mayor para que nos hagan efecto. ¿Recuerdas el mareo con la primera cerveza que tomaste, o el primer vino? ¿Qué ocurre para que luego con el tiempo te haga tan poco efecto y necesites aumentar la dosis? Sí, vale, nos acostumbramos, de acuerdo, eso es el efecto de tolerancia a las drogas, pero… ¿en qué consiste exactamente? <seguir leyendo en Cuaderno de Cultura Científica>

Las charlas CocinArte-Naukas

naukas-cocinarte

El próximo viernes y sábado estaré en Pamplona en el congreso de Cocina y Ciencia organizado por CocinArte y por la plataforma de divulgación científica Naukas. Todo un lujo de organización, programa y de compañeros de faena. Espero poder estar a la altura.

Hablaré de la relación que existe entre los experimentos de Pavlov y la magdalena de Proust. Cómo pueden, y deberían, los restaurantes y empresas de alimentación, utilizar las leyes del condicionamiento pavloviano para reproducir el efecto de la magdalena.  Sigue leyendo

La magdalena de Proust y el perro de Pavlov

NOTAEste artículo lo publiqué originalmente en 2003 en  e-ciencia.com. El artículo original puede consultarse aquí.

Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba…” 

(Marcel Proust. “En busca del tiempo perdido”)

El famoso pasaje de la magdalena de Proust es la mejor descripción que conozco del condicionamiento clásico de Pavlov. La magdalena había sido asociada a la felicidad de la infancia y producía ahora en el protagonista adulto de la novela la respuesta condicionada: un placer delicioso, intenso, extraordinario, que surgía inesperadamente del interior de la magdalena… el protagonista no era capaz de explicárselo. No son sentimientos subjetivos, ni siquiera sensaciones asociadas a una cultura y un tiempo y un lugar lo que Proust describe. Son experiencias psicológicas básicas, verificables en cualquier persona, en cualquier lugar, en cualquier tiempo. Es condicionamiento clásico. Eso sí, puesto en bonito.

Resulta curioso constatar cómo el diapasón de Pavlov y la magdalena de Proust son una misma cosa, estímulos condicionados. Igual que la canción que nos hace revivir un viejo romance o el aroma del perfume que nos reaviva un deseo inexpresado. Proust supo describirlo en toda su intensidad. Pavlov prefirió analizarlo. El sonido del diapasón provocaba en los perros de Pavlov la misma reacción de salivación que en condiciones normales vendría provocada por la comida; la magdalena de Proust evocaba en el protagonista de la novela las mismas sensaciones que en su día producían los veranos felices de la infancia. En términos científicos se trata de fenómenos idénticos.

Resulta curioso constatar cómo el diapasón de Pavlov y la magdalena de Proust son una misma cosa, estímulos condicionados.

¿Leyó Proust a Pavlov o Pavlov a Proust? No he logrado encontrar referencias sobre ello. Proust (1871-1922) y Pavlov (1849-1936) se percataron de la existencia del condicionamiento clásico en la misma época, y ambos decidieron investigarlo, aunque de maneras muy distintas. Pavlov en el laboratorio, analizándolo una y otra vez con sus perros, controlando muy bien las condiciones experimentales. Proust, en cambio, usándose a sí mismo como sujeto experimental, probando una y otra vez el sabor de la magdalena, pero perdiendo así la felicidad que surgía de ella, pues para su desgracia, la sensación disminuía en intensidad con cada nuevo intento (o sea, se extinguía, que diría Pavlov).

Pavlov y colaboradores en San Petersburgo hacia 1900

Nadie como Proust ha sido capaz de divulgar tan bien, y en tan pocas páginas (y lo digo a pesar de que Proust, como ya han dicho sus críticos, da vueltas y vueltas a la idea), el condicionamiento pavloviano. Pavlov, más científico, dedicó años enteros de investigación a descubrir cómo un sonido asociado con comida llegaba a provocar salivación en sus perros, a estudiar cómo se extinguía la respuesta de salivación si seguía presentando sólo el sonido en varias ocasiones (al igual que el sabor a felicidad de la magdalena de Proust disminuía en intensidad cada vez que el protagonista de la novela volvía a probarlo), o a estudiar cómo se recuperaba después la respuesta espontáneamente si el sonido dejaba de presentarse durante un tiempo (también lo describe Proust, cuando el protagonista deja de probar la magdalena por un tiempo y consigue así recuperar más tarde toda la magia que surge de ella).

Pero el condicionamiento clásico no sólo provoca salivación o felicidad. También provoca miedo, nostalgia, deseo, excitación sexual, estrés, relajación, alivio, euforia, nauseas… El estímulo más insospechado puede dar lugar a sensaciones y reacciones intensas que a menudo, como al protagonista de Proust, nos parecen inexplicables. No es de extrañar que los escritores de hoy sigan empeñados en describirlo y los científicos lo estén analizando en todos sus detalles (véase, por ejemplo, Dickinson, 1980). Aunque sólo sea para conseguir comprender cómo es posible que la dicha, o la tristeza, incluso el miedo de un niño, puedan brotar, años más tarde, del interior de una magdalena condicionada.

Bibliografía

Dickinson, A. (1980). Teorías actuales del aprendizaje animal. Traducción española: Editorial Debate, Madrid, 1984.

Pavlov, I. (1927). Los reflejos condicionados. Traducción española Editorial Morata, Madrid, 1929.

Proust, M. (1919-1927). En busca del tiempo perdido (1- Por el camino de Swann). Traducción española: Alianza Editorial, Madrid, 1966.

Enlaces:

@HelenaMatute