Cuarentena para las redes sociales

La existencia de falsos recuerdos es bien conocida en psicología. Existen numerosos experimentos en los que se enseña a los participantes un video o una noticia, y posteriormente se les muestra información falsa, ya sea en formato de texto, imágenes, conversaciones… Un tiempo después medimos lo que recuerdan de la noticia original y observamos normalmente que suele estar contaminada por el falso recuerdo que hemos implantado. Es como cuando recordamos algo que hicimos de pequeños porque nos lo han contado mil veces, y al final lo que recordamos es lo que nos han contado, que puede estar muy alejado de lo que realmente vivimos. 

Un ejemplo clásico es el experimento realizado por Elisabeth Loftus y del que ya hemos hablado aquí en alguna ocasión. A unas personas que visitaron Disney World se les citó después para hacerles unas preguntas sobre la visita. La mitad de ellos esperaron a su entrevistador en una sala de espera en la que había un enorme póster de Bugs Bunny junto al castillo de Disney. Los resultados mostraron que las personas que mejor recordaban haber visto a Bugs Bunny en Disney World, incluso haberse fotografiado y charlado con él, fueron los que habían estado en la sala de espera en la que estaba el póster. Y sin embargo…. ¡Bugs Bunny jamás ha estado en Disney!

El caso es que a día de hoy estamos expuestos a tanta información falsa a través de Internet y de las redes sociales que hay muchos motivos para pensar que nuestra memoria va a estar cada vez más llena de recuerdos falsos y va a ser francamente difícil que dentro de poco podamos recordar lo que ocurrió realmente en un determinado momento, porque, además, como tenemos esta manía de compartirlo todo en las redes, va a resultar que nuestros recuerdos, además de ser en buena medida falsos, como suelen serlo habitualmente, empiezan a ser también colectivos a partir de ahora. Y ya sabemos también que una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en verdad. Nuestros recuerdos serán, por tanto, no solo falsos, sino además socializados, compartidos, y una y mil veces repetidos. O sea, que la estamos liando bien.

Pero los resultados de un interesante experimento publicado recientemente en la revista Psychonomic Bulletin & Review arrojan algo de esperanza sobre el futuro de la memoria humana. Los investigadores mostraron unas imágenes a los voluntarios de su experimento. Posteriormente les presentaron información falsa relacionada con las imágenes originales. La variable crítica consistió en manipular el formato en que se presentaba la información falsa. Para la mitad de los voluntarios la información falsa se presentaba en un formato muy parecido a Twitter; para la otra mitad en formato diferente. Cuando posteriormente se midió lo que recordaban, el índice de recuerdos falsos fue significativamente inferior, sí, inferior, en el grupo expuesto a información twittera. Esto indica que los voluntarios otorgaban menos credibilidad a la información obtenida vía Twitter. De hecho, permitían menos que esta información interfiriera con los recuerdos que ya tenían. Bien por ellos, la verdad. Creo que es un dato altamente interesante que nos hace recuperar la fe en la capacidad de pensamiento crítico de la especie humana. Al fin y al cabo parece que no somos tan crédulos ni tan insustanciales como parecemos a primera vista. A pesar de que usemos Internet a todas horas, y a pesar de que las redes sociales parezcan saturar nuestra capacidad de razonamiento con información a menudo falsa y no contrastada, ¡resulta que las ponemos en cuarentena! Bien.

@HelenaMatute

Fuente

Fenn, K.M., Griffin, N. R., Uitvlugt, M. G., y Ravizza, S. M. (2014). The effect of Twitter exposure on false memory formation. Psychonomic Bulletin & Review. [Epub ahead of print]. DOI: 10.3758/s13423-014-0639-9

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