Hola, soy tu nuevo vecino, y soy robótico

Los robots están ya aquí. Estarán conviviendo con nosotros mucho antes de lo que pensamos. Los datos actuales sugieren que la humanidad podría llegar a dividirse muy pronto en dos grandes grupos en cuanto a su relación con los robots: aquellos que los aceptan como amigos, compañeros, parejas, cuidadores, policías, maestros, médicos, científicos, jueces, bibliotecarios, banqueros… y aquellos a los que la sola idea de pensar en un mundo compartido con los robots les produce nauseas, y piensan que deberíamos exterminarlos lo antes posible. 

La investigación avanza a pasos agigantados y los robots que aprenden, que sonríen, que toman decisiones, que lloran, que anticipan lo que vamos a hacer o a decir a continuación son ya una realidad. Los que además son capaces de sentir, y de imaginar, y crear, y debatir cuestiones morales, y que además integran todas estas habilidades en un único cuerpo robótico, un único ser, llegarán muy pronto. ¿Qué consecuencias va a tener todo esto desde el punto de vista psicológico y moral? Adaptarnos y organizar adecuadamente este nuevo mundo que se nos viene encima requiere anticipación y requiere sobre todo un enorme consenso. Un consenso como nunca antes se ha dado en la especie humana. Debemos ser nosotros quienes decidamos los detalles de este viaje conjunto con robots. Cuál es la meta, el destino, la ruta, la velocidad del viaje, deberían ser decisiones nuestras. Y estas decisiones deben ser realistas, pausadas, consensuadas, muy racionales. Nunca impulsivas. Vivimos en la sociedad del conocimiento, lo que significa que las decisiones debemos tomarlas con conocimiento de causa. Contamos ya con numerosas investigaciones que nos indican cuales son nuestras preferencias, y también nuestros puntos más vulnerables, en nuestra relación con los robots. Por ejemplo, ¿qué pedimos a un compañero de juegos robótico, a un cuidador, a un compañero de trabajo, o a un militar? ¿Cómo debe ser la personalidad de estos robots? ¿Y su ética? ¿Deben ser fríos y calculadores o flexibles y amables? ¿Quién debe decidirlo y qué consecuencias traerá una u otra decisión? ¿Seremos capaces de mantener nosotros siempre el control? ¿Podremos apagarlos ante una emergencia? ¿Quién decide cuándo hay que apagarlos? Los robots pueden traer y van a traer muchas cosas buenas a nuestras vidas. Pero también nos enfrentan a peligros que son muy reales. Profundizar en la investigación y el conocimiento de la mente humana y de nuestra relación con los robots se hace necesario para evitar los posibles peligros y poder convertir a los robots que vienen en aliados en vez de en enemigos de nuestra especie.

Hablaré de este tema en Bilbao el 20 de mayo en la  Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, en Abandoibarra 3 (junto al Guggenheim).

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