Cabeza de chorlito

Imagen: Chorlito gris (Pluvialis squatarola). Por Juan Emilio [CC-BY-SA-2.0], via Wikimedia Commons.
Cabeza de chorlito. Solía llamarnos así la abuela cuando de niños íbamos distraídos por el mundo y hacíamos las cosas de manera atolondrada y sin pensar. A veces nos llamaba también “txoriburu”, que nos sonaba casi igual, pero era todavía peor para los pobres pájaros, pues hacía referencia, no a los chorlitos en particular, sino a todos los pájaros en general. Txori es pájaro, y buru es cabeza. En euskera.  Y así, ya fuera por cabeza de chorlito o por txoriburu, el caso es que siempre ha estado muy mal visto tener cabeza de pájaro. 

Por eso me resultó muy interesante cuando hace años empecé a leer experimentos de psicología realizados con aves y descubrí que no eran, ni mucho menos, tan tontas y desmemoriadas como solíamos creer. Es más, algunas aves, como los cuervos, son tremendamente inteligentes, como ya mostraba Javier Peláez en este artículo. Éramos los humanos los que, al no haber hecho nunca antes experimentos con aves, asumíamos que eran todas tontas. Y además tienen una memoria mucho más completa de lo que imaginábamos. En experimentos realizados en laboratorio recuerdan perfectamente qué comida escondieron, dónde la escondieron, y cuándo la escondieron. Éste “qué, dónde y cuándo” de su memoria lo describimos en detalle en una entrada anterior, pero la idea básica es que según hayan pasado pocos o muchos días desde que les dimos acceso a un recinto para esconder diferentes alimentos, irán derechos al lugar donde escondieron los alimentos más perecederos (gusanos) o los más duraderos (frutos secos). Es evidente que saben no sólo qué escondieron y dónde, sino también cuándo.

Y lo bonito es que poco a poco se va demostrando también que no son solo los cuervos. La revista Journal of Experimental Psychology: Animal Behavior Processes, publicará próximamente un experimento similar al de la memoria de los cuervos ¡pero realizado con palomas! Muchos experimentos de psicología del aprendizaje realizados con palomas habían ya demostrado hace mucho tiempo que de tontas no tienen un pelo. Se sabe, por ejemplo, que las palomas son capaces de discriminar el estilo de Monet del de Picasso e indicar – a base de picoteos- a cuál de los dos pintores pertenece la imagen que están viendo (si anteriormente les hemos enseñado una buena muestra de cuadros de ambos pintores para que se familiaricen con su estilo). Y lo que muestra la nueva investigación realizada con palomas, es que las palomas son capaces de recordar, en un contexto artificial de laboratorio, es decir, un contexto novedoso para ellas, qué, dónde y cuándo, al igual que los cuervos. Es decir, qué tipos de comida pueden conseguir en el experimento, dónde (qué tecla) hay que picotear según qué comida quieran conseguir, y en qué momento del día (y en qué momento de la sesión experimental) conseguirán un tipo u otro de comida según dónde picoteen. Algo así como que si es para desayunar debo picotear la Tecla A, pero si lo que quiero es cenar entonces debo picotear la Tecla B. O también: si acabo de llegar a este laboratorio mejor pido la comida de la tecla A, pero si ya llevo mucho tiempo la tecla que me dará la comida más rica es la B.

Y esto, ¡con palomas!

¿Y si resulta que ni siquiera los pobres chorlitos son tan atolondrados como creíamos?

@HelenaMatute

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