Tus preferencias políticas modifican tus recuerdos

Una de las imágenes utilizadas en el experimento. A la izquierda la imagen original, a la derecha la modificada.
Una de las imágenes utilizadas en el experimento. A la izquierda la imagen original, a la derecha la modificada.

Hemos hablamos ya en artículos previos en este blog de lo fácil que resulta tergiversar los recuerdos, creer que hemos vivido algo que sin embargo es imposible que hayamos vivido, incluso podemos recordar que visitamos a Bugs Bunny y nos fotografiamos con él durante nuestra visita a Disney World, cuando en realidad Bugs Bunny es una criatura de la Warner. Se trata de un efecto muy estudiado en laboratorios de psicología de todo el mundo. En ellos se consigue, con un poco de photoshop, y una pizca de ingenio, implantar en los voluntarios una serie de recuerdos falsos y creencias falsas acerca de experiencias que poco tiempo después estarán convencidos de haber vivido. 

Pues bien, una de las últimas investigaciones dirigidas por la psicóloga Elisabeth Loftus, que es una de las principales descubridoras de estos efectos, sigue el mismo esquema que las anteriores pero en esta ocasión, en lugar de aplicarlo a algo tan trivial como las visitas a Disney World, lo aplica a la política. Ummm. Esto seguro que empieza a interesar un poco más a los legisladores. Así, como en ocasiones anteriores, un poco de Photoshop, unas fotos de Obama, algunas también de Bush, y algún que otro retoque aquí y allá en las de Clinton, harán que la gente confunda sus recuerdos reales con los falsos, recién implantados. Y lo más impresionante de todo, agárrense si no lo están aún, es que esos recuerdos falsos que los investigadores tendrán éxito en implantar, van a depender, en cierta medida, de las tendencias políticas de los participantes del experimento.

Los participantes Demócratas tenderán a aceptar como ciertos los recuerdos de imágenes en las que se ve a los Republicanos en situación comprometida. Y cuando en la foto lo que se ve es a un Demócrata en apuros, entonces son los Republicanos los que dan por válida la noticia (y el recuerdo que tienen de ella).

Que todos inventábamos recuerdos ya lo sabíamos, pero que los inventemos de un color u otro para ajustarlos a nuestras preferencias políticas tiene tela. Y sí hacemos todos, no solo los del color contrario. Que también es conocido el punto ciego de estos sesgos, según el cual tendemos a ver la paja en el ojo ajeno pero jamás la viga en el nuestro.

Aplicado el experimento aquí, a nuestro terruño, podemos imaginar fácilmente una imagen en la que aparece Rajoy estrechando la mano de algún conocido corrupto de esos que abundan últimamente y los participantes de tendencia sociata recordarán el momento en que el escándalo saltó a la primera página de todos los periódicos del Reino, allá por el 94. Pero seguro que el mismo experimento contaría también con una imagen de Zapatero negociando con los etarras y aquí  serían los peperos los que recordarían sin ningún género de duda el desafortunado encuentro. Podríamos seguir hablando de Arturo Mas o de Ibarretxe, de Urkullu o de Benegas, de Chaves, o de aquel de los trajes, el de Valencia, al que le pillaron saliendo de la tienda de Dior con coche oficial en la puerta, pero casi mejor me reservo los detalles,  que lo mismo acabo haciendo la versión local de este experimento e implantando recuerdos en los lectores del blog y no quisiera que pasara semejante cosa. (Por cierto, ya habrán visto que no sería demasiado difícil, ¿verdad?)

Fuente:

Frenda, S. J., Knowles, E. D., Saletan, W., & Loftus, E. F., (2013). False memories of fabricated political events. Journal of Experimental Social Psychology, 49, 280–286

@HelenaMatute

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