¿Mentimos más en Internet?

Algo que siempre suele decirse a la hora de desprestigiar el uso de Internet es lo mucho que miente la gente en la web. Aquel famoso chiste que rondaba por Internet allá por la prehistoria, el del perro que decía a su colega eso de “en Internet nadie sabe que eres un perro”, parece que mucha gente lo ha interiorizado tanto que da por hecho que si algo es virtual ha de estar necesariamente plagado de embustes. ¿Cuánto hay de cierto en ello? 

Por una parte, la gran mayoría de los estudios han mostrado el resultado contrario. Si respondemos a preguntas o cuestionarios o encuestas o tests psicológicos a través de la web, somos, en general, más sinceros y estamos más dispuestos a mostrar nuestra verdadera forma de pensar y de sentir (p. ej., Corkrey y Parkinson, 2002). Otra cosa será que lo hagamos dando nuestro propio nombre o un nombre ficticio, pero esto entra dentro del anonimato, respeto y confidencialidad al que todos aspiramos cuando realizamos un test psicológico, o una encuesta, tanto en la web como cara a cara. Es decir, lo que estamos discutiendo aquí no es si estamos dispuestos a perder el anonimato y la privacidad (eso es otra cuestión muy distinta) sino si decimos más o menos mentiras en Internet que en el cara a cara. Y lo que han mostrado numerosos estudios es que la verdad es más probable que salga a relucir si la encuesta o cuestionario o test se realiza por ordenador (ya sea online u offline) que en persona y con papel y lápiz.

Se está observando, incluso, que en general las personas contamos más cosas personales a esos robots de conversación de los que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones y con los que cada vez interactuamos más en los grandes comercios virtuales, que a los vendedores humanos, de los que a menudo desconfiamos por eso de que lo mismo se les ocurre vendernos algo o quedarse con nuestros datos (como si los robots no tuvieran memoria ni fueran a vendernos nada).

Ahora bien, por otro lado, resulta curioso comprobar que algunos estudios recientes indican que a veces se miente más por Internet. En principio parece contradictorio pero se trata de situaciones muy diferentes a las anteriores. Cuando se analiza la comunicación vía email o vía papel y lápiz entre dos personas, resulta que se mienten más la una a la otra cuando se comunican por email (Naquin y cols., 2010). Avisados estamos, pero en cualquier caso esta situación es muy diferente a la anterior, no deberíamos confundirlas.

Ante estos resultados se me ocurren muchas preguntas que deberíamos hacernos. ¿Por qué será que contar intimidades al vendedor robótico-virtual nos genera más sensación de confidencialidad y seguridad que contárselas a una persona? ¿Por qué cuando hablamos con una persona por email tendemos a mentirle más? O somos mentirosos o no lo somos, o mentimos en Internet o no lo hacemos, pero que a un robot que guardará nuestras respuestas y confidencias en su base de datos por siempre jamás le contemos los secretos que no contamos a nuestros congéneres que acabarán olvidándolos o llevándolos a la tumba, no tiene ningún sentido. O quizá sí lo tiene, si lo analizamos despacio, pero me temo que se trata de uno de esos sesgos cognitivos con los que estamos cada vez más acostumbrados a convivir porque nos evitan pensar y nos resultan tan cómodos; uno de tantísimos atajos cognitivos de los que ya hemos hablado en más de una ocasión y que tan bien han descrito investigadores como el genial Daniel Kahneman, psicólogo galardonado con el premio nobel de economía precisamente por sus estudios sobre la irracionalidad (véase Kahneman, 2012).

En este caso el sesgo podría ser algo tan sencillo como lo siguiente: cuando hablo con el robot siento que no juzga lo que digo, no opina, no le parece ni bien ni mal, simplemente asiente, escucha… y procesa lo que le cuento. No supone, por tanto, ninguna amenaza a nivel emocional, no pone en marcha el sistema de alerta que entra en funcionamiento de manera automática cuando compartimos información privada con un desconocido y observamos un sutil gesto de desaprobación o rechazo. Sí sería, por supuesto, una amenaza, si nos paráramos a pensar sobre ello, si pensáramos en quién va a tener acceso a toda esa información que proporcionamos al robot y durante cuántos años y para qué (y cómo) podría ser utilizada. Pero ¡es tan cómodo no pensar y dejarse llevar por esa sensación de confidencialidad y neutralidad que transmite el robot!

Para saber más:

Si te interesan estos temas probablemente te interesará nuestro libro Psicología de las Nuevas Tecnologías

Referencias:

Corkrey, R., & Parkinson, l. (2002). A comparison of four computer-based telephone interviewing methods: Getting answers to sensitive questions. Behavior Research Methods, Instruments, & Computers, 34, 354-363.

Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Madrid: Debate.

Naquin, C, E., Kurtzberg, T. R., Belkin, L. Y. (2010). The finer points of lying online: E-mail versus pen and paper. Journal of Applied Psychology, 95, 387-394.

@HelenaMatute

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9 thoughts on “¿Mentimos más en Internet?

    • Patxi, disculpa que no vi antes el comentario. Parece que el enlace correcto es este, verdad¿ http://tiemporevuelto.wordpress.com/2012/07/26/23-buenos-dias-idiotas/
      No sé qué decir. A mí me parece un poco exagerado eso de que mentimos de media unas 25 veces al día. Suena excesivo, ¿no? Por cierto, de las encuestas no deberíamos fiarnos mucho, es sabido que no tiene mucho que ver lo que la gente hace con lo que la gente dice que hace… En cualquier caso te agradezco el comentario, porque me recuerda que olvidé mencionar en el post las investigaciones sobre la mentira que describe Dan Ariely en su libro “Predictably Irrational” (en español, “Las trampas del deseo”, muy muy recomendable, por cierto). Uno de los hallazgos fundamentales (y aquí ya nos salimos del tema de Internet y entramos en de lleno en MundoReal) es que, en general, no hay gente que miente muchísimo, y otros nada, y así la media queda como queda, sino que, por lo general, todo el mundo miente… un poquito… Enjoy!

  1. De verdad es de preocuparse el llegar a considerar que las personas no piensen al responder ante un robot. Tiene amplias consecuencias en lo comercial y hasta político el uso de los datos proporcionados a un robot.
    Por otra parte, abre un camino para la investigación del comportamiento humano.
    Y gracias Dra. Matute, siempre dejando la semilla de cuestionar todo.

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