Todos inventamos recuerdos

“Nuestra memoria no es un almacén fiable, sino un lugar donde los recuerdos van adaptándose a las presiones del momento presente”

Este artículo lo publiqué hace un par de meses en el diario El CorreoTE RECOMIEDO QUE  antes de leerlo hagas el ejercicio que se menciona en el artículo: contar en este vídeo los pases del equipo blanco. Incluso aunque conozcas la versión clásica del vídeo te recomiendo probar con esta versión antes de seguir leyendo.

Si ya has hecho el ejercicio puedes leer el artículo:

Las personas inventamos recuerdos, tergiversamos los que ya tenemos, los vamos incluso adaptando a la presión social que ejercen nuestros amigos y colegas que diluyen sus recuerdos en los nuestros. “No puede ser, Isa, si las dos estuvimos presentes, y tu recuerdo es ligeramente distinto, uy, esto tiene que ser que… ah, claro, es verdad, tienes razón, Isa, sí, seguro que yo llevaba aquella falda roja; sí es verdad, jeje, se me había olvidado, pero comimos pasta y ensalada,  ¡ahora lo recuerdo, es verdad, tienes razón, qué bien lo pasamos.” Todo mentira, no me acuerdo de nada, pero como mi amiga Isa asegura recordarlo con detalle, al final hasta me creo que son ciertos los detalles que ella comparte conmigo.

Somos así. Nuestra memoria no es un almacén fiable de recuerdos sino un lugar donde los recuerdos van adaptándose a las presiones del momento presente. Su función, de hecho, no es fotocopiar el pasado, eso no serviría de nada, no nos ayudaría a sobrevivir. Su función es ayudarnos a predecir el futuro y a adaptarnos a él, que es lo que cuenta. Por eso es fundamental que esos hechos que archivamos sobre el pasado en el disco duro de nuestra memoria se integren bien con las vivencias que van ocurriendo en el momento presente y que la propia base de datos, el índice y las palabras clave que podamos utilizar para realizar las búsquedas de recuerdos en la memoria tengan sentido y utilidad en la actualidad.

Uno de los experimentos más conocidos sobre recuerdos falsos es el publicado por la psicóloga Elisabeth Loftus y sus colegas en 2002. Citaron a una serie de voluntarios para participar en una investigación sobre recuerdos infantiles, y antes de comenzar las pruebas de memoria los dividieron en dos grupos y les mostraron unos anuncios publicitarios. Para el grupo experimental la publicidad era de Disneylandia y mostraba a Bugs Bunny junto al castillo mágico. El otro grupo recibió un anuncio control. Posteriormente pidieron a todos ellos que comentaran qué recordaban de cuando estuvieron en Disneylandia siendo niños. Los que relataron su encuentro con Bugs Bunny, añadiendo incluso floridos detalles, conversaciones, abrazos y fotografías con el muñeco fueron todos del grupo experimental. El falso recuerdo acababa de ser inducido por los experimentadores y podía demostrarse fácilmente: Bugs Bunny es una criatura de la Warner, imposible encontrarlo en Disney. ¿Imaginan cuántos recuerdos falsos nos induce la vida en nuestro devenir cotidiano?

Experimentos como el de Bugs Bunny nos alertan sobre los peligros de nuestra memoria y hacen dudar, por ejemplo, de lo que podrían testificar en un juicio las personas que presenciaron un crimen. En el caso del juicio se añaden, además, los peligrosos efectos emocionales del estrés y el posible trauma sobre la ya frágil memoria de los testigos, lo que hace que sea más difícil aún producir un recuerdo fiable y verídico en esas situaciones. Las técnicas modernas apuntan hacia estudios de neuroimagen cerebral para poder corroborar la autenticidad de los recuerdos, pero se trata de una estrategia en fase muy preliminar aún.

Pero la cosa es aún peor. No solo la memoria, sino también nuestra percepción y atención son tremendamente falibles. A veces no es que recordemos mal, es que sencillamente no  hemos almacenado la información porque no la hemos percibido, lo que a menudo se debe, a su vez, a que no le hemos prestado la debida atención. El video del famoso experimento realizado por Simons y Chabris en 1999 se encuentra disponible en YouTube (busquen la versión más reciente, “The monkey business illusion” incluso si ya conocen la versión clásica). En el video verán un grupo de personas pasándose un balón. Unos llevan camiseta blanca, otros negra. El espectador (usted), todo lo que tiene que hacer es contar el número de veces que los componentes del equipo blanco  se pasan el balón. No adelanto más, porque entonces desvelaría el final. Observe el lector el video, anote en un papel el número de pases del equipo blanco, y luego vuelva a ver el video en cámara lenta y contando los pases del equipo negro. Comprenderá inmediatamente de qué estoy hablando cuando digo que la capacidad de atención humana no solo es limitada, sino que además es muy fácilmente manipulable. Si no lo conocen, de verdad, no dejen de buscarlo.

Y si no, pueden preguntar ustedes a cualquier mago si es posible manipular la atención y la percepción humana. Los psicólogos intentamos comprender el porqué de los fallos y errores sistemáticos del cerebro humano, intentamos predecirlos. Pero los magos saben mejor que nadie cómo explotar esas debilidades. Son como los hackers de la mente, que aprovechan las vulnerabilidades del sistema para colarse por la puerta trasera y dejarnos un aviso. Un aviso que si escucháramos con atención, nos ayudaría a ir parcheando los agujeros de seguridad de nuestra mente racional, lo que nos permitiría evitar muchas de las amenazas más graves y serias que tan a menudo se nos cuelan y nos hacen creer, por ejemplo, que por el mero hecho de que algo nos parezca que funciona, como puede ser una pastillita homeopática o una pulsera milagrosa, resulta que realmente funciona. Como si nuestra percepción y nuestra memoria fueran fiables. ¡Qué ingenuos somos!

@HelenaMatute

Anuncios