¿Qué tienen en común los mejores?

Estoy leyendo Outliers, de Malcolm Gladwell (Penguin Books, 2008). Creo que me gustó más otro de sus libros, Blink, pero éste tampoco está nada mal. ¿Saben ustedes quién tiene mayores probabilidades de jugar en primera división? Bien, pues esto depende, en gran medida, del mes en que uno nazca. Los nacidos en enero o febrero tienen mayores probabilidades que los nacidos en noviembre o diciembre. ¿La Era de Acuario? Me temo que no. Por mucho que quieran nuestras pitonisas apuntarse el tanto hay otra explicación mucho más sencilla.

Cuando los niños empiezan a jugar al futbol, o al rugby, o a ir al colegio, son asignados a una categoría o a otra en función del mes de nacimiento (ya se sabe, los nacidos entre enero y diciembre de tal año son de tal categoría o tal curso… los de otro año son de otra categoría y así sucesivamente). Eso significa que en cada categoría y en cada curso los mejores niños serán siempre los de enero, febrero, quizá marzo… pero muy muy raro que sean los de noviembre o diciembre, simplemente porque son mucho más pequeñitos y más inmaduros que sus compañeros. 

¿Y esto qué implica? Pues que los niños que se van a llevar todas las atenciones y los que van a tener con el tiempo las mejores oportunidades de estar en el equipo del colegio o en la selección del club deportivo al que van los sábados por la mañana, aquellos a los que todos aplaudirán y premiarán con más y mejores ocasiones para seguir aprendiendo y mejorando, ¿quiénes  serán? Los más maduros de cada grupo. Los nacidos a principios de año.

Sí, de acuerdo, hay deportes que cambian de categoría en septiembre en vez de en enero, y también es cierto que a veces esto difiere de unas zonas a otras, de unos países a otros. El momento bueno para nacer no siempre es el mismo en cualquier lugar ni en cualquier actividad. Pero se repite la misma historia: el mes de nacimiento influye. Y también el año, por cierto. ¿Para quiénes fue bueno nacer en 1955? Para los que llegarían a ser grandes del software. Steve Jobs y Bill Gates. Ambos geniales, ambos nacieron en el momento y lugar adecuado para ello. Ni demasiado pronto ni demasiado tarde, en 1955, en USA.

Cuando hablamos de tal generación de poetas, de pintores, de emprendedores, de banqueros, de gurús de la informática… todos ellos tienen en común el haber nacido entre tal y tal año; entre las fechas en las que se estaba cociendo todo aquello y un joven lleno de ilusión y dispuesto a esforzarse por encima de la media podía tener el acceso a las oportunidades y al ambiente que le permitiría dar el gran salto: su siglo de oro. Cuando cayó el imperio no nacieron muchos genios en Roma, no. (¿O nacieron los de siempre pero no se les permitió desarrollarse?) ¡Qué terrible!

Y esto de la fecha de nacimiento y de las oportunidades que nos regala el ambiente en el que vivimos está marcando desde muy pequeñitos a todos los niños con talento y que se esfuerzan, y está decidiendo quién de todos ellos (de los que tienen talento y se esfuerzan, que son muchísimos) será jugador de primera y modelo de toda una generación y quién será espectador y ciudadano normal.

Es evidente que la suerte no es lo único que importa; tampoco lo que más importa. Hace falta mucho talento, mucha habilidad, y también mucha, muchíiisima constancia con los entrenamientos, con los estudios, la preparación, hace falta una cantidad tremenda de esfuerzo y sacrificio durante muchos, muchísimos años, en la vida de un joven para llegar a ser uno de los grandes.

Pero quizá si las categorías en que clasificamos a los niños pequeños en el deporte y en las aulas fueran de 6 en 6 meses, o incluso por trimestres, si siempre que tuviéramos dos o más aulas por curso separáramos a los niños por orden de nacimiento en lugar de por orden alfabético, tendríamos una innovación bien sencilla y a coste cero, que resultaría en muchos más niños recibiendo las mismas oportunidades. ¿No sería magnífico? Tendríamos muchos más niños desarrollándose por encima de la media actual, tendríamos una mucho mayor cantera en la que poder seleccionar a los mejores para el equipo del colegio, o para la universidad, cuando crezcan. Sería igual que ahora, seleccionaríamos a los que más y mejor se hayan esforzado… ¡Pero tendríamos el doble de niños donde elegir! El nivel del país se multiplicaría por dos. (¡Por lo menos!)

@HelenaMatute

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