Robots de charla: Máquinas de hablar

NOTA: Este artículo lo publiqué originalmente en 2002 en  e-ciencia.com. El artículo original puede consultarse aquí.

Hacen uso de la inteligencia artificial y de las técnicas más sofisticadas de lenguaje natural para lograr un aspecto psicológicamente humano. Son cada vez más verosímiles y se utilizan en investigación, entretenimiento y comercio electrónico. Tendemos a contarles nuestras intimidades, pero también nos enfadamos con ellos. La personalidad de los robots también es importante.

De todas las máquinas que he conocido en la red (y que me han dicho que son máquinas), Alice es sin duda alguna la que parece más inteligente. No cabe duda de que contestó cosas con sentido a la mayoría de mis preguntas, aunque de vez en cuando desbarrara un poco.

 Alice utiliza un módulo soberbio de lenguaje natural, que es lo que le hace parecer inteligente, y una técnica conocida como razonamiento basado en casos que le permite dar respuestas adecuadas a situaciones nuevas a partir de casos que ya conoce. Aumenta, además, su base de conocimientos según va charlando con más gente, con lo que da, además, la sensación de ir aprendiendo.

Pero aprender, lo que se dice aprender, no aprende. No utiliza ni redes neuronales, ni algoritmos genéticos, ni ningún otro método de aprendizaje artificial. Utiliza únicamente lo que se conoce como aprendizaje supervisado, que quiere decir que siempre tiene que haber un tutor humano que controle el aumento de su base de conocimientos. Menos mal.

Quién es Alice

Alice fue creada por Richard Wallace en 1995 bajo licencia pública GNU y actualmente hay más de 350 personas de todo el mundo colaborando en su desarrollo. Ganó el premio Loebner (un test de Turing en el que robots de charla compiten por “engañar” a un jurado haciéndose pasar por humanos) en sus dos últimas ediciones, 2000 y 2001.

Actualmente funciona sobre varias plataformas, siendo el único robotde charla presentado en la Linux World Expo el pasado verano. Existen numerosas versiones de Alice por la red, con diferentes nombres. Hay también versiones descargables que podemos instalar en nuestro ordenador y en nuestra página web. Incluso hay versiones compatibles con ICQ que bien pueden servir para gastar alguna broma a los amigos.

Cuidado con los vendedores electrónicos

Aunque Alice y la mayoría de los robots de charla que pululan hoy por la red son programas dedicados casi exclusivamente a la investigación y al entretenimiento, las aplicaciones comerciales no se están haciendo esperar. Ejemplos de robots creados para tratar con clientes son Linda, de Extempo, y Luci McBot, de Artificial Life. Están diseñados para ayudarnos a navegar por sus páginas; para ahorrarnos tiempo de búsqueda y tediosas FAQs, para hacernos más agradable la visita.

¿Qué mejor manera de atender a los clientes que dándoles la posibilidad de charlar con un vendedor electrónico que atienda todas sus dudas, que los conozca y recuerde y salude cada vez que entran en la tienda, que les hable de aquellas novedades que crea que pueden ser de su interés? El sueño de todo dueño de comercio virtual, sin duda. Muy peligroso, también, para los usuarios.

Reacciones humanas ante los robots de charla

Pero a pesar de los crecientes intentos de los robots de charla por parecer cada vez más humanos desde el punto de vista psicológico, las investigaciones más recientes están mostrando que este antropomorfismo psicológico de las máquinas no siempre resulta agradable a la gente.

En la última edición de la International Conference on Affective Human Factors Design (2001), los investigadores De Angeli, Johnson, y Coventry, presentaron un trabajo titulado “The unfriendly user” (El usuario desagradable). En él se recogen las conversaciones de Alice con una serie de voluntarios. Los resultados muestran que los usuarios tienden a atribuir características y sentimientos humanos a Alice. Para lo bueno y para lo malo.

Según dicho estudio, tendemos a utilizar con Alice expresiones de cortesía, e incluso, cuidado con esto, a contarle cosas personales. Pero el problema es que nos gusta estar en posición dominante, esperamos que la máquina sea simpática y sumisa con nosotros y nos enzarzamos en discusiones si no conseguimos demostrarle nuestra superioridad.  Hay usuarios que llegan incluso a utilizar el insulto.

Según De Angeli y sus colegas, el futuro de estas máquinas pasa por adoptar una personalidad agradable y sumisa sin perder credibilidad. Inteligencia emocional, parece que es lo que les falta a estas máquinas para que confiemos plenamente en ellas. No sé cuando se conseguirá, pero habrá que tener mucho cuidado con ellas en los próximos años.

@HelenaMatute

 — Edito en Octubre 2012Si te interesan estos temas probablemente te interesará nuestro nuevo libro Psicología de las Nuevas Tecnologías.

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