¡Cómo nos engaña nuestra propia mente! Charla el 7 de mayo en Bilbao

eureka_logoOs dejo aquí el resumen de la charla que daré el 7 de mayo en el Eureka Café de Bilbao, junto con Eduardo Coffman, uno de mis mejores alumnos de psicología, que es también ilusionista (y además, de los buenos) y se ha animado a ilustrar la charla con algunas demostraciones de ilusiones causales y de cómo nos engaña nuestra propia mente. Lo pasaremos bien.

¿Verá tu médico el gorila en el escáner?

"Radiologist Viewing Computed Tomography".  Photograph by Bill Branson, via Wikimedia Commons

“Radiologist Viewing Computed Tomography”. Photograph by Bill Branson, via Wikimedia Commons

Hablábamos aquí hace algún tiempo del gorila invisible, y de… (en realidad, casi mejor que si no lo conoces no sigas leyendo aún: pincha primero este video, cuenta los pases del equipo blanco, y cuando tengas la respuesta, sigue leyendo)…

Continúo, para los que ya tenéis la respuesta…

Si conocías el video, o si el título de este artículo te ha alertado sobre la existencia de un gorila escondido en algún lugar, lo habrás visto. Pero el que he enlazado no es el video original del gorila, de modo que si esta vez andabas buscando gorilas es casi seguro que te habrás perdido las otras anomalías que aparecen en este video, que está hecho especialmente para los que ya veníais avisados (vuelve a verlo antes de seguir si no has visto nada raro además del gorila).

El famoso experimento del gorila nos demuestra, como bien habréis podido comprobar, lo fácil que es engañar a la mente humana, hacerle creer que ha visto algo que en realidad no ha visto, y también lo contrario: que no ha visto algo que en realidad sí ha visto.

Existen innumerables demostraciones de los engaños y confusiones que nos produce a diario esta mente que dicen que todos llevamos sobre los hombros. Hay también excelentes ejemplos de cómo los magos saben aprovechar esos sesgos perceptivos de la mente para hacernos creer que desaparecen palomas, o, para el caso, billeteras, ante nuestros propios ojos. También hemos discutido aquí, y más de una vez, diversos aspectos relacionados con estos sesgos y errores cognitivos de los que más nos valdría estar en guardia. Y no es broma.

El experimento del gorila, y el video del carterista, por poner dos ejemplos muy gráficos, lo que nos muestran es cómo podemos tener delante de los ojos un enorme monstruo y no enterarnos. Es bastante impresionante pero siempre lo hemos tomado más o menos a broma. Y el truco del mago que hace que desaparezca una paloma también lo hemos visto siempre como una curiosidad sin consecuencias (hasta que empezamos a relacionarlo con los carteristas, vaya). Pero lo que hoy quiero contar aquí empieza a dar más miedo.

Convenzámonos de una vez por todas que no se trata de una broma divertida. Es un auténtico agujero de seguridad de la mente. Puede ser atacado por un pequeño virus inocuo y sin consecuencias, como el del gorila o la paloma invisibles, o puede tener consecuencias más serias, como en el caso del carterista. Y puede llegar a tener consecuencias verdaderamente graves, como cuando lo que no vemos no es un gorila, sino un tumor, o un autobús que se nos viene encima.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si se demostrara que los médicos son tan humanos como el resto de nosotros y que están sujetos al mismo tipo de sesgos cognitivos que todos los demás? ¿Qué pasaría si los médicos tampoco fueran capaces de ver el gorila en una placa de rayos X, en un scanner, en una resonancia magnética? ¿Qué pasaría si cuando están buscando un tipo determinado de tumor o malformación tuvieran delante de sus narices otra anomalía diferente, un gorila, tal vez, y no fueran capaces de verlo, como la mayoría de nosotros?

Eso fue lo que ocurrió exactamente en el experimento que publicarán próximamente en la revista Psychological Science los psicólogos Trafton Drew (*), Melissa Vo y Jeremy Wolfe y que relataba hace unos días Wray Herbert  en el blog de la Association for Psychological Science. Ni más ni menos que lo que acabo de decir. El gorila que los psicólogos insertaron en las imágenes del escáner fue invisible para 20 de los 24 experimentados radiólogos que participaron en el experimento y cuya competencia profesional estaba fuera de toda duda. Su tarea consistía en localizar pequeños nódulos cancerígenos en las imágenes del escáner. Mientras lo hacían, el gorila, perfectamente visible,  pasó inadvertido. El 83% de los médicos que participaron en el experimento no vieron lo que podía haber sido una anomalía realmente crítica. Solo veían lo que estaban buscando. Esto es grave. (Ojo, en parte puede ser bueno, y esta es seguramente la razón de la existencia de este sesgo, pues si buscamos nódulos cancerígenos, encontraremos nódulos, no gorilas. Pero en parte es también ciertamente peligroso, pues puede haber grandes anomalías que pasan inadvertidas cuando el profesional anda buscando algo concreto.)

Debemos convencernos ya de una vez por todas de que es así como funcionamos. Y tiene poco remedio, excepto quizá que al ser conscientes del problema demos la importancia que merece a aspectos tales como la información (verbal y escrita) que se intercambia entre los pacientes y los diferentes profesionales sanitarios encargados de llevar cada caso. En función de lo que contemos a un médico, éste encontrará nódulos o encontrará gorilas, pero posiblemente no ambas cosas.

Todos vemos lo que andamos buscando. Y, cuidado, porque no estoy diciendo que no hayan mirado los radiólogos hacia el punto donde estaba el gorila. Al contrario, el aparato de seguimiento de la mirada utilizado en la investigación mostraba claramente que la mayoría de ellos fijaban su mirada en el gorila, aunque evidentemente no fueron conscientes de estar viéndolo (es decir, miraban pero no veían).

El gorila era pequeño, pero bien nítido y visible (según indican los autores, unas 48 veces más grande que un nódulo de tamaño medio). Todos los participantes lo vieron con absoluta claridad cuando más tarde les contaron lo ocurrido y volvieron sobre los materiales originales. Lo vieron claro, más o menos como lo vimos todos nosotros cuando tras ver el video original del gorila (que como ya mencioné, es diferente del que enlacé arriba) tuvimos que volver sobre él para convencernos de que verdaderamente se nos había escapado un gorila en mitad de la escena. Cuesta creerlo. Como también cuesta creerlo (y verlo) en la siguiente imagen del experimento de Drew y sus colegas, incluso aunque sepamos que se trata de un gorila:

Imagen del escáner (tomografía computarizada) de tórax utilizada en el experimento de Drew y sus colegas (en prensa). Reproducida con permiso.

Imagen del escáner (tomografía computarizada) de tórax utilizada en el experimento de Drew y sus colegas (en prensa). Reproducida con permiso.

Incluso aunque sepamos que es un gorila y no un nódulo lo que hemos de buscar en esta imagen, probablemente tardaremos en verlo. Si imaginamos ahora al radiólogo que tiene que buscar nódulos cancerígenos en las más de 200 imágenes del escáner del tórax de cada uno de los 5 pacientes que está viendo en el experimento, entenderemos fácilmente lo que puede pasar si uno de los pacientes alberga un pequeño gorila en el pulmón.

En cualquier caso, no es que a los radiólogos, por el hecho de estar muy entrenados, les costara percibir el gorila que todos nosotros habríamos visto con nitidez. Al contrario, cuando el experimento se repitió con otras personas, ninguna fue capaz de verlo (aunque sí lo vieron en un tercer experimento en el que les pidieron buscar gorilas, lo que indica que era fácilmente visible). Así que, en todo caso, la experiencia es un grado: los radiólogos, entrenados en buscar pequeños detalles en las imágenes del escáner, tuvieron algo más éxito a la hora de detectar anomalías no esperadas que las personas no entrenadas. Algo es algo.

Ni que decir tiene que semejante sesgo cognitivo tiene profundas implicaciones que no se limitan únicamente a médicos o a radiólogos. Ellos son solo el ejemplo que sirve en esta investigación para que tomemos conciencia de la gravedad del problema. Estos sesgos los sufrimos todos, también al ingeniero que evalúa el peligro de derrumbamiento de un túnel, al arquitecto, el abogado, el profesor, el político, el taxista, el policía, el psicólogo… Me temo que nadie se libra, amigois, somos todos iguales en sesgos cognitivos. Podemos quizá atenuar sus efectos, o corregirlos después de que aparecen si estamos muy atentos, pero los sufrimos todos.

Sí quisiera creer, a pesar de todo, que según vayamos investigando y deshilvanando estos sesgos y sus entresijos, y según vayamos dándolos a conocer y haciendo público el peligro que encierran, podremos ayudar a paliar entre todos sus devastadoras consecuencias. Ojalá que aunque no veamos el gorila, si alguien nos dice que lo ha visto, empecemos ya a dudar un poco de nuestra propia capacidad, rebobinemos, nos paremos a pensar, y finalmente consigamos verlo. Espero que algún día demos con la fórmula mágica que nos permita parchear bien esta mente nuestra tan agujereada.

Fuente:

Drew, T., Võ, M. L. H., Wolfe, J. M. (en prensa). The invisible gorilla strikes again: Sustained inattentional blindness in expert observers. Psychological Science.

(*) Thanks are due to Trafton Drew for sending me the manuscript and for permission to reprint their figure in this blog.

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Terapias alternativas en psicología y en medicina

terapias-alternativas

Imaginemos a un investigador científico (o alternativo, por el momento no importa esto) que dice haber descubierto un remedio efectivo contra la depresión. Puede ser una pastilla, unas hierbas muy naturales en formato de infusión, o una psicoterapia, cualquiera de ellas nos vale como ejemplo. Aplica su remedio a un grupo de voluntarios que han sido diagnosticados de depresión en el mes de enero. En septiembre, tras unos meses de tratamiento, observa una disminución significativa en los índices de depresión en su grupo de voluntarios.

Todos los voluntarios estarán convencidos de que el remedio ha funcionado (lo estaríamos también usted y yo, seguro, si nos encontráramos bien después de haber seguido como ellos el tratamiento) …/…  (seguir leyendo en Psicoteca)

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El pensamiento crítico hay que cultivarlo

ImagenExisten dos modos de pensamiento. Uno es racional, crítico, lento y terriblemente costoso. El otro es automático, inconsciente, emocional, rápido, intuitivo, pero también muy vulnerable y sujeto a errores. Este último módulo viene instalado de fábrica en el cerebro humano y actualizado con la última versión, se ha desarrollado y pulido sin descanso durante millones de años de evolución de las especies. El otro, el racional, es demasiado joven aún, no se ejecuta de manera automática y tiene muchos agujeros que necesitamos ir parcheando.

El módulo emocional y automático es el que nos permite salir corriendo a escondernos sin necesidad de pensarlo cuando oímos un ruido extraño en la noche. Es el que nos empuja a invertir en casas no cuando el sector inmobiliario está barato, sino cuando está disparado en precios y todo el mundo quiere comprar una segunda y hasta tercera vivienda (algo que, si lo analizamos en modo racional, veremos que no tiene sentido, pero no es el modo racional el que usamos por defecto). Es también el que nos permite rechazar automáticamente un alimento que hemos asociado, quizá inconscientemente, con un malestar gástrico. Aunque racionalmente sospechemos que posiblemente sea erróneo el diagnóstico que estamos haciendo, la mera visión de ese alimento nos producirá náuseas si lo hemos asociado con el malestar. Pero este módulo de pensamiento tan falible es también el que nos ha permitido sobrevivir al ayudarnos a evitar alimentos potencialmente tóxicos sin necesidad de pensarlo, algo que resultaría lento, costoso y a veces letal. (… sigue leyendo en El Correo Ciencia)

Aquí tienes también la entrada de este artículo en Menéame, con sus comentarios.

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¿Mides a ojímetro las relaciones de causa-efecto?

Cada vez hay más investigaciones que demuestran que no podemos fiarnos de nuestras percepciones, nuestros recuerdos, nuestras sensaciones. Todo aquello que por el mero hecho de haberlo experimentado nos parece evidente, está, sin embargo, sujeto a nuestra propia interpretación y por lo tanto sujeto a error. Las conversaciones que siguen ilustran este punto:

- ¿Por qué decías que van bien esas pastillas?
- Porque ayer me dolía mucho la cabeza, tomé la pastilla que me recetó mi vecino, y hoy me encuentro mucho mejor.
- ¿Y no podría ser porque has dormido más o porque el clima ha mejorado?
- Sí, puede ser, pero yo creo que se debe a la pastilla.
- ¿Y por qué?
- No sé, me funciona…  y además … (seguir leyendo en Psicoteca)